Espacios y paisajes del horror en la Valencia moderna (siglos XV, XVI Y XVII)

El derecho penal y la praxis punitiva del Antiguo Régimen impedían dar sepultura eclesiástica a los ajusticiados. Durante siglos, Europa quedó cubierta de campos de horcas, como muestran pinturas y grabados. Los cuerpos de los supliciados se integraban así macabramente en el espacio y en el paisaje...

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Main Authors: Jorge A. Catalá Sanz, Pablo Pérez García
Format: Article
Language:Catalan
Published: Universitat de València, Departament de Geografia 2022-10-01
Series:Cuadernos de Geografía de la Universitat de València
Online Access:https://turia.uv.es/index.php/CGUV/article/view/23731
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Description
Summary:El derecho penal y la praxis punitiva del Antiguo Régimen impedían dar sepultura eclesiástica a los ajusticiados. Durante siglos, Europa quedó cubierta de campos de horcas, como muestran pinturas y grabados. Los cuerpos de los supliciados se integraban así macabramente en el espacio y en el paisaje, proyectando sobre ellos admoniciones, advertencias e imágenes brutalmente implacables de la justicia del príncipe. En la Valencia moderna las sentencias de muerte se ejecutaban en las ciudades y grandes poblaciones. El único campo de horcas conocido fue el de Carraixet, establecido en 1356 y activo hasta mediados del siglo xix. Los cadáveres permanecían allí colgados hasta que la Cofradía de los Inocentes y Desamparados los retiraba y enterraba con motivo de la festividad de San Matías, cada 24 de febrero. Los autores de crímenes atroces padecían sentencias agravadas: su cuerpo era mutilado y decapitado post mortem. En estos casos, los restos del supliciado no se solían enviar a Carraixet ni recibían sepultura canónica; la cabeza, las manos, los brazos y las piernas se usaban para resignificar espacios y señalizar el territorio. Con las cabezas y las manos se intentaba representar la “eficacia” y la dureza de la justicia real, de modo que era costumbre colocarlas a la vista de los transeúntes, en los lugares donde se había perpetrado el crimen, en las puertas de acceso a la capital y en las cruces de los caminos. Brazos y piernas servían de igual manera para advertir a los delincuentes de las espantosas consecuencias de sus actos. De ahí que se exhibieran en los caminos, en los parajes donde se producían los asaltos y acechaban los bandidos y a lo largo de las grandes vías de comunicación de toda la Gobernación valenciana.
ISSN:0210-086X
2695-7965